Los jesuitas celebramos el día de San Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de la Compañía de Jesús. Como cada 31 de julio, recordamos la importancia de su fe al frente de nuestra orden, aprobada oficialmente en 1540 por el papa Paulo III.



En los quince años de su gobierno logró dar a la Compañía una organización ejemplar, infundirle un espíritu y abrirle las puertas hacia un apostolado universal. 

Fue más hombre de acción que un especulativo. En la estructura que dio a la congregación introdujo novedades que chocaron con la mentalidad de su tiempo.

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