17 de Noviembre de 2020




El hombre ignoraba a la enfermedad y no tomaba los recaudos necesarios para no infectarse. Tras recuperse, quedó con secuelas al ver tanta gente sufriendo por el COVID-19. "Mi papá no sale del estrés y le cuesta dormir", contó una de sus hijas. 

"De algo hay que morir", le decía en reiteradas ocasiones Marcos Gallardo a sus familiares cuando estos les sugerían que tenga los cuidados necesarios y las recomendaciones para así evitar contagiarse de COVID-19. Y esta enfermedad, lamentablemente, le terminó llegando a ese hombre de 82 años que ignoraba al coronavirus, pero tras permanecer cinco días internado en el hospital de campaña conoció en primera persona lo que provoca un virus, que hasta la fecha ya se cobró la vida de 102 personas en la provincia de Corrientes.  

Gallardo, que tiene un riñón menos y padece de hipertensión, fue una de las 11 personas que se contagiaron en su grupo familiar. Todos conviven en un mismo terreno, pero en casas diferentes. El primer caso de coronavirus se detectó en una mujer del lugar que se había ido con dolores corporales al hospital Vidal, pero en ese centro de salud capitalino le dijeron que lo suyo era solamente una infección urinaria.

Ante esa situación, Celeste (nombre ficticio) volvió a su casa y a los cinco días un hermano suyo se contactó con un enfermero del hospital de campaña para que la venga a hisopar porque empezó a tener problemas respiratorios. El test, finalmente, arrojó que la chica había dado positivo para COVID-19. "Para entonces ya infectó a toda la familia", expresó Andrea Gallardo a la redacción de La Dos 

Andrea cuenta que casi todos sus familiares tuvieron síntomas compatibles con el coronavirus y que debieron permanecer aislados durante 23 días hasta que el último infectado reciba el alta médica.

Pero quien peor la pasó fue su papá, que a los pocos días tras ser positivo empezó a tener fiebre alta, dolores corporales, diarrea y sentir cansancios contantes que le obligaban a querer dormir a cada rato. Además, no comía porque "se le cerró el apetito", relató su hija a este medio. 

Debido a esas dificultades, el hombre debió ser derivado al hospital de campaña en donde gracias al labor de los y las profesionales de la salud pudo recuperarse y volver a su casa. Pero previo a esto, Marcos Gallardo debió ver y escuchar a decenas de personas sufriendo del dolor que causa el virus del SARS-CoV-2. Y esa experiencia le trajo secuelas porque, según contó Andrea, su padre no sale del estrés y ahora le cuesta dormir tranquilo. 

A su vez, la mujer destacó la atención que recibió su papá en el hospital de campaña. Afirma que cada dos horas era monitoreado y que todos los días le informaban sobre el estado de salud de Marcos. También dijo que se comunicaban constantemente para hacer un seguimiento de toda su familia.

Además, resaltó la ayuda que tuvo por parte de Desarrollo Social con la provisión de alimentos, y la generosidad que hubo por parte de los vecinos. "En estos momentos te das cuenta quienes son los malos y quienes son los buenos", expresó.

RADIO DOS

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