18 de Noviembre de 2020

Es fundam​ental recuperar el control de rutinas y tratamientos para atenderlas de la mejor manera




La obesidad y el sobrepeso son problemáticas que se potencian en tiempos como el que estamos viviendo, donde la incertidumbre, el aislamiento y un marcado sedentarismo se conjugan para atentar contra nuestro bienestar psicofísico. Está claro que estas enfermedades crónicas no se toman vacaciones y, tras más de 7 meses de confinamiento, es fundamental recuperar el control de rutinas y tratamientos para atenderlas de la mejor manera. Afortunadamente, la ciencia, la tecnología y la reapertura de espacios al aire libre marcan el camino para cuidarnos más que nunca.
 
Es importante que cada uno pueda conocer en mayor detalle el funcionamiento de su organismo, así como las necesidades nutricionales, emocionales y físicas que moldean su desarrollo. Reconocer las propias barreras para adoptar hábitos saludables puede ser un primer paso para forjar nuevas dinámicas con una mirada integral y gradual, considerando tanto las necesidades fisiológicas como el manejo de la frustración y la motivación para lograr la constancia necesaria, respetando los cuatro pilares fundamentales de cualquier tratamiento: la alimentación, el ejercicio, las emociones y el tratamiento médico.

La obesidad es una enfermedad multicausal, donde se combinan factores genéticos, el estilo de vida, las emociones, el medio ambiente, el entorno y el sedentarismo, entre otros. Es necesario entender que la obesidad es una enfermedad crónica, siendo muy importante enfocar la estrategia en modificar los hábitos alimentarios y sostenerlos en el tiempo para optimizar los resultados. No hay dietas mágicas y es muy frustrante para aquel que desee bajar de peso ponerse metas imposibles. Así como describimos que las causas son múltiples, el enfoque terapéutico debe atender todas estas variables y además, establecer una continuidad en el tratamiento.

 
En el plano psicológico, muchas veces destacamos la importancia de identificar el hambre real y evitar comer sugestionados por emociones. Las ingestas que responden a la ansiedad, el aburrimiento o la tristeza, por nombrar algunos de los mayores disparadores, suelen ser desmedidas en su cantidad y calidad con gran impacto para nuestra salud. Más que nunca, comer no debería ser un refugio ni una “solución fácil” para canalizar nuestros sentimientos. Convertir esa energía en un incentivo para lograr un cambio de hábito saludable y sostenible puede ser el paso más importante.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que niños y jóvenes de 5 a 17 años inviertan por lo menos 60 minutos diarios en actividad física con juegos en movimiento y limiten a un máximo de dos horas de pantalla al día . Por su parte, la recomendación en los adultos entre 18 a 64 años es como mínimo 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada o 75 minutos de mayor intensidad. La recomendación de realizar 30 minutos diarios de actividad física puede realizarse de corrido en una caminata, paseo en bicicleta o alguna actividad deportiva o bien programarse en 3 sesiones de 10 minutos cada una. La Sociedad Argentina de Nutrición sugiere pararse y caminar por al menos 2 minutos para poner el cuerpo en movimiento y activar el metabolismo muscular y de esta manera evitar pasar muchas horas inactivos.

Dra. Paola Harwicz.

MN 84.182

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