Recuperar la cercanía y ternura de los hijos

Jun 21, 2021

Desde hace 16 años, José Echavarría sale a misionar con su esposa y sus cinco hijos. Recorren parajes de la provincia y escuchan a las familias. Comenzaron cuando el menor de los hermanos tenía tan solo cuatro años. 

En esta fecha especial, habló con República de Corrientes sobre la importancia del diálogo y también de enseñar con el ejemplo. Los siete integrantes de la familia decidieron soportar algunas incomodidades en sus viajes para cumplir el objetivo de estar juntos y ayudar en los hogares. 

Recorre hogares de parajes de la provincia y escucha a las familias. Lo acompañan sus cinco hijos. De sus experiencias, remarca la falta de diálogo y acompañamiento como una falla común. 

“Siempre estuvimos en grupos de iglesia con mi esposa y cuando nos mudamos decidimos misionar primero en ese barrio. No había parroquia. Era en el barrio 9 de Julio, que se encuentra entre Laguna Seca y Güemes. Visitábamos las casas, los escuchábamos y después rezábamos. También hablábamos mucho con los chicos del lugar”, comentó en cuanto a los inicios de esta tarea. 

Después de un tiempo, fueron a la parroquia “Jesús Misericordioso”, donde formaron parte de un grupo misionero. Antes de la pandemia, todos los años iban al interior de la provincia, sobre todo a aquellos pueblos más chicos y alejados de las ciudades.  

“Todos los años hacíamos campamento con la familia, pero ese primer año consultamos a nuestros hijos si querían ir a misionar con nosotros o hacer ese campamento. Eligieron esta tarea y desde ese momento es algo que hacemos como familia. El más chico tenía 4 años y el mayor, 11. El grupo misionero se sorprendió de que vayan niños a visitar las casas”, contó José. 

Las misiones consisten en visitar a las familias, ir casa por casa, se lleva un tema para hablar y se escuchan experiencias. Luego se reza. También invitan a participar de jornadas como retiros. 

“Es una experiencia muy linda de hacer junto a los chicos. Dejamos de lado una vida de comodidad para ir a un lugar donde quizás te bañás con agua fría y dormís en el suelo. Ellos eligen esto. Vamos mucho a los parajes. Hace unos 16 años comenzamos”, recordó. 

En cuanto a cómo logró que sus hijos tomen esta decisión, contó que “no hubo necesidad de hablar, sino de transmitir”. “Ellos veían lo que nosotros hacíamos. Aprendieron de lo que mostrábamos, lo vieron como algo natural. La mamá les transmitió el catecismo. Ahora integran un grupo en Jesús Misericordioso”, expresó. 

“Hay que prepararse y saber que vamos a llevar un mensaje, pero también a escuchar el problema que pueden llegar a tener en la casa. Evangelizamos de acuerdo a lo que nos cuentan. Buscamos que el hogar se ilumine con la palabra de Dios y que renueven la fe en Jesús. Es fundamental la escucha y el diálogo no solo entre las parejas, también con los hijos.

Esto muchas veces está cortado, sin juzgar los motivos, sucede mucho y hay que incentivar a la escucha”, comentó.

Cuando llegan a los hogares, los padres se dirigen a los adultos y los jóvenes, a las personas de su edad que integran la familia. En estas misiones, se dividen por edades y dan los mismos temas pero adaptados a niños, adolescentes o mayores. 

Los más chicos salen acompañados de los jóvenes quienes piden su compañía porque logran una mejor respuesta en los hogares.

“A veces creemos que no saben nada (los niños), pero nos sorprenden. Recuerdo cuando mi hijo con solo cuatro años explicaba la imagen de Jesús Misericordioso. Ellos participan entusiasmados”, dijo.

En estos viajes, remarcó la falta de diálogo como una falla común en los hogares. A ello agregó la “falta de crecimiento o formación en la fe”. En estas visitas, dan “el mensaje de que Dios es un padre amoroso y de que somos nosotros los que nos alejamos de él, es quien nos puede salvar; debemos centrar la fe en Jesús y lo hacemos en comunidad”. 

“Necesitamos que los padres seamos papás para nuestros hijos, que recuperemos la ternura y esa cercanía con los hijos. Recuperar ese lugar en las casas. Estamos absorbidos por el trabajo y nos olvidamos de la tarea con nuestros hijos y esposas. El cariño y la cercanía son necesarias”, expresó José y agregó: “Tenemos que dejar el machismo de lado y llevar adelante juntos un hogar, hacer las tareas de la casa a la par (con la pareja), los hijos aprenden de lo que ven”. 

Por otra parte, ejemplificó: “Muchas veces les decimos a nuestros hijos que están todo el día con el celular, pero no nos vemos a nosotros mismos. Nosotros también estamos como ellos”. 

José está casado con Elba Gómez hace 29 años y tiene cinco hijos: Miriam (28), Pablo (27), Guadalupe (25), Matías (23) y Agustín (20). 

Por la pandemia, hacen contención de manera virtual. Hay reuniones semanales con otros misioneros. Ellos fueron uno de los primeros en salir con sus hijos a visitar las casas, y luego se formó un grupo de “familias misioneras”. 

FUENTE: DIARIO REPÚBLICA DE CORRIENTES